Durante años, cuando alguien mencionaba “computación cuántica”, la imagen que nos venía a la mente era la de un cilindro dorado, lleno de cables y tubitos, suspendido dentro de un frigorífico que roza la temperatura del cero absoluto. Una especie de candelabro futurista que combina arte contemporáneo y tecnología.
Pero esa imagen, como veíamos en el artículo anterior sobre modalidades de computación cuántica, es solo una de ellas. Detrás hay una carrera industrial global, silenciosa y trepidante, en la que gigantes tecnológicos, startups especializadas y laboratorios nacionales compiten por construir la próxima gran infraestructura de la humanidad. Y, aunque no siempre se visibiliza, España tiene ingenieros, científicos y directivos en puestos clave dentro de esta revolución.
Este es un repaso de algunas de las empresas que están construyendo el futuro cuántico y que señalan un camino y por las personas que están dejando huella en él, muchas de ellas españolas.
IBM, Google y el reino de los superconductores
Los superconductores son, hoy por hoy, la tecnología más industrializada. Aquí se juega la liga de los gigantes.
En IBM Quantum, entre los pasillos del laboratorio de Yorktown Heights (Nueva York), uno de los nombres que más se escucha es el de Antonio Córcoles. Ingeniero español, lleva años afinando los procesadores cuánticos de la compañía como quien afina un instrumento extraordinariamente delicado. Su trabajo no aparece en los anuncios corporativos, pero sin él los qubits de IBM no serían lo que son.
En Google Quantum AI, el responsable científico del equipo es otro español: Sergio Boixo. Fue una de las mentes detrás del histórico experimento de «supremacía cuántica» de 2019, un hito que marcó un antes y un después en la industria. Google acaba de presentar su chip Willow, que representa un avance sustancial en corrección de errores cuánticos.
Y desde el CSIC, Juan José García Ripoll aporta teoría, algoritmos y modelos que alimentan a ambas empresas. España, sin hacer ruido, está en el corazón de la computación cuántica superconductora.
En el flanco europeo destaca IQM Quantum Computers, empresa finlandesa y uno de los pocos fabricantes europeos que ofrece ordenadores cuánticos instalados en las propias instalaciones del cliente (on-premise). IQM fue clave en el suministro del procesador cuántico para la primera computadora cuántica de acceso público en España, instalada en el Barcelona Supercomputing Center (BSC) e integrada en el superordenador MareNostrum 5, en un consorcio liderado por Qilimanjaro Quantum Tech y GMV.
Quantinuum, IonQ y el arte de atrapar átomos
Los ordenadores de iones atrapados son otra historia: menos ruidosos, más precisos, casi quirúrgicos. La tecnología se parece más a un laboratorio de física atómica que a un centro de datos.
Quantinuum —la empresa nacida de la unión de Honeywell Quantum Solutions y Cambridge Quantum— es hoy una de las referencias mundiales en fidelidad de operaciones lógicas. Sus procesadores H-Series tienen conectividad total entre qubits y acumulan récords en corrección de errores. Aquí trabaja María Viñas, ingeniera española especializada en óptica cuántica, cuyo día a día consiste en domar láseres que manipulan átomos individuales: ciencia ficción hecha rutina.
IonQ, empresa cotizada en bolsa (NYSE: IONQ), acaba de completar la adquisición de Oxford Ionics, lo que refuerza su posición en computación cuántica y redes cuánticas. Sus últimos sistemas AQ 64 han alcanzado una fidelidad de puertas de dos qubits del 99,99 %, una cifra que hace apenas cinco años parecía inalcanzable.
En el ecosistema europeo de iones, merece mención especial AQT (Alpine Quantum Technologies), empresa austriaca que desarrolla sistemas compactos de iones atrapados con coherencia cuántica de varios segundos y trabaja en prototipos conectables a redes de fibra óptica.
PsiQuantum, Xanadu y la revolución fotónica
La computación cuántica fotónica es la rebelde del grupo: funciona a temperatura ambiente, viaja por fibras ópticas y promete escalabilidad masiva fabricando qubits en obleas de silicio.
PsiQuantum (EE.UU.) ejecuta la apuesta más audaz: construir el primer ordenador cuántico con un millón de qubits usando exclusivamente procesos de fabricación de chips en instalaciones de GlobalFoundries. Su filosofía es que solo la escala industrial de la microelectrónica convencional puede superar las pérdidas fotónicas inherentes al enfoque.
Xanadu (Canadá) apuesta por la computación fotónica de variables continuas y ha publicado su plataforma Borealis, con la que demostró ventaja cuántica en una tarea de muestreo. Su SDK PennyLane se ha convertido en uno de los frameworks de código abierto más populares para computación cuántica.
La francesa Quandela representa la vanguardia europea en fotónica cuántica, con fuentes de fotones únicos de muy alta eficiencia fabricadas en semiconductores.
Pero la figura española más influyente en el espacio fotónico es, sin duda, Carmen Palacios-Berraquero, CEO de Nu Quantum (Cambridge). Su empresa no compite por construir un procesador gigante, sino por algo igual de crucial: la infraestructura de redes cuánticas que conectará procesadores entre sí y con el mundo. Carmen es, probablemente, la española con mayor proyección internacional en el sector cuántico actual.
Pasqal, QuEra y los ejércitos de átomos neutros
Los átomos neutros son la tecnología que más rápido ha pasado de laboratorio a empresa. Pasqal y QuEra están construyendo procesadores que parecen constelaciones de puntos brillantes: cada punto, un átomo atrapado por luz.
En Pasqal trabaja Guillermo García‑Pérez, investigador español especializado en simulación cuántica. Y aunque no esté en una empresa, es imposible no mencionar a Ignacio Cirac, cuya teoría es la base de buena parte de lo que estas compañías hacen hoy. Su influencia es transversal.
Intel, HRL y la apuesta por el silicio
Los qubits de espín en silicio son la promesa de fabricar ordenadores cuánticos como si fueran chips convencionales. Si esta vía triunfa, la computación cuántica podría escalar como lo hizo la electrónica clásica.
En este terreno destaca un español: Fernando González Zalba, cofundador de Quantum Motion en Londres. Su empresa es una de las que más seriamente está intentando convertir el silicio en un material cuántico.
Microsoft y la búsqueda del qubit imposible
Los qubits topológicos son la gran apuesta de Microsoft. Una tecnología que, si funciona, podría resolver el mayor problema de todos: la fragilidad cuántica.
Aquí la presencia española es más académica, pero relevante: Ana María Rey colabora con Microsoft Research en teoría cuántica avanzada. Su trabajo influye en la hoja de ruta de la compañía.
Y en casa: el ecosistema cuántico español
España no fabrica procesadores cuánticos (todavía), pero sí tiene un ecosistema vibrante que crece cada año y que empieza a conectar con la industria internacional.
Entre las empresas más activas destacan:
- Qilimanjaro — hardware analógico y superconductores ligeros
- Multiverse Computing — software cuántico para finanzas e industria
- Quside — hardware fotónico para aleatoriedad cuántica
- LuxQuanta — comunicaciones cuánticas (QKD)
- Quantum Spain — la red nacional de supercomputación cuántica
- Qcentroid — plataforma española que integra machine learning, optimización y computación cuántica para empresas, con un enfoque muy práctico y orientado a casos de uso reales
Y detrás de estas empresas hay nombres propios: Román Orús, Carlos Abellán, Vanesa Díaz, Almudena Carrera… y ahora también el equipo de Qcentroid, que está logrando algo muy valioso: llevar la computación cuántica al terreno de la empresa, sin misticismos, sin humo, con soluciones que se pueden probar hoy.
Y también una figura imprescindible en la historia reciente del sector cuántico español: José Ignacio Latorre. Físico teórico, divulgador y uno de los impulsores más visibles del ecosistema cuántico en España. Latorre ha sido director científico del Centre for Quantum Technologies en Singapur, asesor en proyectos europeos y una de las voces que más ha trabajado para conectar la investigación cuántica con la industria. Su papel ha sido clave para que España aparezca en el mapa internacional con una identidad propia.
Un ecosistema joven, sí, pero con ambición, con talento y con conexiones internacionales reales.
Reflexión final
La computación cuántica es global, pero también es profundamente humana. Y en esa humanidad, España tiene más presencia de la que cualquiera imaginaría.
Ingenieros en IBM. Científicos en Google. Fundadores en Londres. CEOs en Cambridge. Y un ecosistema nacional que crece, se profesionaliza y empieza a ocupar su lugar.
La revolución cuántica no tiene fronteras. Pero tampoco tiene por qué tenerlas para el talento español.Un ecosistema joven, sí, pero con ambición y con conexiones internacionales reales.

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