Al tratar la firma electrónica con espíritu enciclopédico, algo que pretendo hacer en este Blog, es inevitable referirse a diferentes etapas históricas en las que los usos y costumbres eran otras, pero en las que se sentaron las bases de la evolución de la firma.
Una de las referencias puede ser la que, en el Fuero Juzgo, trataba sobre la forma de comprobar las firmas o signos en caso de controversia, instaurando el antecedente de la prueba pericial caligráfica.
Otra, sin duda, el concepto de Manufirmatio, ceremonia con la que en la Antigua Roma se dotaba de solemnidad la vinculación del firmante con lo firmado, simbolizando la autenticidad del documento y de su voluntad de suscribirlo.
El Manufirmatio era una ceremonia en la que un documento se extendía sobre la mesa del escribano y el autor intelectual lo leía en presencia de otras personas, os testigos. Tras la lectura, el autor pasaba la mano abierta sobre el documento a modo de juramento, aceptación o reconocimiento de su contenido y se le estampaba nombre, signo, y una o tres cruces por el autor, notarius y escribano. A continuación testigos presenciales hacían lo mismo.

