Código Unificado de Buen Gobierno


Ayer acabó el plazo para presentar en la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) los comentarios en referencia al nuevo código de buen gobierno, que ya tiene apellido. A los dos anteriores se les denominó «Código Olivencia» y «Código Aldama». A este ya se le empieza a llamar «Código Conthe».

Esto de los Códigos no es un asunto fácil. España es un país en el que prima el Derecho Positivo, es decir, el que define las obligaciones de forma expresa. Es así en la mayoría de países europeos, en los que se aplica el llamado «Derecho Romano» o «Germánico» o «Continental». Sin embargo, los países de ámbito anglosajón están exportando culturalmente su propio derecho, denominado «Common Law», y sus principios se están adoptando sin que nos demos cuenta, aunque a veces no encajen bien en nuestra propia cultura legal. Bajo la «Common Law» la Jurisprudencia en una DESTACADA fuente del Derecho y las recomendaciones se adoptan con entusiasmo, pese a la escasa capacidad punitiva asociada a esa forma de desarrollar normas.

Así que cuando las recomendaciones de buen gobierno corporativo se publican, aunque no sea más que en «borrador», las sociedades cotizadas analizan el articulado con detalle y llegan a la conclusión de que adminsitrar la pesada carga informativa y de gestión de las sociedades cotizadas va a ser todavía más duro los próximos años.

El asunto ha estado rodeado de polémica estos días, y yo no voy a entrar en ello, por ahora.

Sin embargo, sí quiero hacerme eco de la iniciativa del Foro de Buen Gobierno TIC (Tecnología de la información y de las Telecomunicaciones) que ha añadido un nuevo tema de reflexión a los que ya ocupan a los Consejeros de las Sociedades.

Se trata de la conveniencia de que entre los consejeros, ya sean independientes o dominicales, haya algunos con capacidad de valorar si la gestión de los sistemas de información de la sociedad se hace de forma que minimice los riegos de todo tipo y existan planes de contingencia al máximo nivel que garantice la supervivencia de la empresa ante una catástrofe que afecte a sus sistemas informáticos.

Si situaciones como la de Enron hacen necesario extremar los aspectos de Auditoría y diligente gestión económica, hechos como los acaecidos el 11S o, sin salir de España, el incendio de la torre Windsor, nos tienen que hacer reflexionar sobre la incidencia que las tecnologías tienen hoy en el funcionamiento de las empresas y la necesidad de que a nivel de consejo se puedan tener controladas las variables con las que se controla. Además de todos los innumerables sutiles detalles sobre los que deben de estar pendientes  los Consejos de las Sociedades Cotizadas.

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