En el fondo es un problema de confianza, no de seguridad.
El hecho de que los phishers puedan hacerse su propio certificado de servidor web y simular un entono seguro con SSL ya empieza a preocupar a los usuarios y a desmitificar la supuesta seguridad de este protocolo.
Entendedme, no estoy en contra del SSL: garantiza el cifrado de las comunicaciones entre el servidor y el navegador, pero poco más.
No garantiza que la URL a la que accedemos sea la del servidor. De hecho, hay bancos que usan el certificado de seguro.banco.com en http://www.banco.com o viceversa, y el usuario está acostumbrado a decir OK al aviso de alarma del navegador.
No garantiza que el certificado que aparece emitido por una autoridad de certificación, esté de verdad emitido por ella. De hecho al certificado autofirmado que nos hacemos cuando creamos la root puede contener los datos que la inspiración nos haya dictado en ese momento, como Verisign, FNMT o Moncloa.
Muchos PSC (Prestadores de Servicios de Certificación) de plena confianza no está incluidos en el repositorio de confianza del navegador, por lo que nos crean malos hábitos como el de dar por buena cualquier instalación de root en nuestro sistema que nos sale al paso.
En definitiva: tenemos que hacer algo más para lograr la confianza que la ¿falsa? sensación de seguridad que da el candadito que señala el funcionamiento del SSL.

No parece sencillo encontrar la solución canónica, pero cada vez conocemos más detalles de algunas cosas que no funcionan. Ya en otra ocasión he comentado que los teclado en pantalla, por ejemplo, dan una engañosa sensación de seguridad sin constituir una verdadera protección.
En Estados Unidos, el Organismo Supervisor del sector financiero (la FFIEC, Federal Financial Institutions Examination Council ) va a obligar a las entidades financieras a que adopten sistemas de autenticación de doble factor.
Se puede ver la noticia en este enlace: http://www.ffiec.gov/press/pr101205.htm
Tampoco es la panacea, pero es una solución bastante robusta no exenta de elementos criticables, como los que señala Schneier
Evidentemente sí, pero ¿el qué?